Caminar una vida es aventura
en desierto de oasis escondidos,
con cegados soles y lunas de ternura
que acompañan afanes transcurridos.
Acaso es un tejimiento de espejismos
tricotado, a medias, por engaños y verdades:
empacados en silencios de dudas,
que permean la psique
del cautivo del camino.
Y más allá: cuando la angostura
esconde el horizonte de los días
y el peregrino siente su ánimo vencido
ha de ser el vigor de la creencia,
haciendo del recuerdo de los suyos,
el bordón de apoyo que resuelva
el final de la espesa andadura.
PEREGRINO

