SERPENTEO


Se vio perdido entre recuerdos rotos,
de un verano vestido con chaleco de juegos.
Abrió la jaula de los raros conceptos
y se fue volando, con médula de libertad,
en osamenta de rebaldía.
Era el todo del tiempo lo que amaba:
un bosque de minutos, haciendo lo que hacía
sin importarle, acaso, el ritmo de la noche,
el sabor de la tarde y el despertar de la mañana.
¿Es negra el hambre? preguntó a la duda,
y quiso responderle quien tenía el estómago lleno.
De qué color es la felicidad,
qué sabor tiene la justicia,
cuál es la música de la verdad.
Un toldo de engaños y apariencias
disfrazaron el relieve brumoso
de un encuentro odiado en la distancia,
ahogado en soledad, árido y vacío,
de tibieza insensible, amueblado de ausencias.