SERPENTEO

    SERPENTEO

Se vio perdido entre recuerdos rotos,

de un verano vestido con chaleco de juegos.

Abrió la jaula de los raros conceptos 

y se fue volando, con médula de libertad,

en osamenta de rebaldía.


Era el todo del tiempo lo que amaba:

un bosque de minutos, haciendo lo que hacía

sin importarle, acaso, el ritmo de la noche,

el sabor de la tarde y el despertar de la mañana.


¿Es negra el hambre? preguntó a la duda,

y quiso responderle quien tenía el estómago lleno.


De qué color es la felicidad,

qué sabor tiene la justicia,

cuál es la música de la verdad.


Un toldo de engaños y apariencias

disfrazaron el relieve brumoso

de un encuentro odiado en la distancia,

ahogado en soledad, árido y vacío,

de tibieza insensible, amueblado de ausencias.

José A. Giráldez Rodríguez